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REPORTAJE | MOVILIDAD: Usuarios y transportistas enfrentan la mayor de las crisis

HumVenezuela, mayo de 2021. | Imagen: El Nacional

La falta de combustible, la antigüedad de los vehículos y una vialidad destruida dejan a los venezolanos con escasos medios de transporte. Según expertos consultados por HumVenezuela, 70% del parque automotor está fuera de servicio.

El pasado 13 de enero dejó de respirar el médico anestesiólogo Ángel Peña en Carora por sospecha de Covid. No hubo ambulancia con combustible para trasladarlo a tiempo a un centro de salud. Fue, según Médicos Unidos de Venezuela (MUV), el onceavo médico que falleció por el virus en el estado Lara. 

En Venezuela, donde el combustible escasea, un número significativo de pacientes crónicos y personal de salud todavía no tiene acceso preferencial a las estaciones de servicio subsidiadas, expone en su informe el Consejo Venezolano de Combustible (Consecom).  

La falta de carburante permea la vida de las personas en distintos planos, y puede percibirse de muchas formas. Las horas y hasta días que pasan los ciudadanos haciendo fila en una bomba de gasolina. Un paciente que pierde la vida porque los tanques de los vehículos estaban vacíos y no se le pudo trasladar a un centro asistencial. Cosechas que se pierden por falta de diésel para distribuirlas en los mercados. El inevitable encarecimiento de la vida en términos generales, entre otras cosas por el alto precio del combustible que deriva al mercado paralelo. La paralización de industrias por falta de diésel, incluso de las generadoras de electricidad, que afectan todas las actividades de la vida cotidiana, pero también generan decesos de personas en quirófanos o unidades de cuidados intensivos por apagones, a los que se suma falta de combustible en los hospitales para encender las plantas de emergencia. La falta de combustible, además, deriva en corrupción y robustecimiento de la delincuencia, en el marco de un mercado negro que se alimenta de la vulnerabilidad ciudadana.

En la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible se plantea que todas las personas deben tener acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles. Y esto incluye la seguridad vial, principalmente mediante la ampliación del transporte público, pero también involucra el acceso a los caminos rurales, un desafío muy relacionado con la incidencia sobre la pobreza. Existe, según el Banco Mundial, una fuerte relación entre la actividad del transporte y el desarrollo económico.

Según el Monitor de Servicios Públicos de CEDICE, siete de cada 10 venezolanos consideran que las fallas en el suministro de combustible están afectando el desarrollo de la economía, generando inestabilidad de precios, escasez de algunos rubros y dificultades para la movilidad. En su boletín de servicios de junio de 2021, se muestra cómo “los usuarios de Twitter reportaron su ansiedad ante el tema del combustible, que está generando la paralización de las unidades de transporte público y la aglomeración de personas en paradas para tomar los pocos vehículos disponibles. Efectos colaterales que pueden desencadenar la propagación del coronavirus”.

Como una muestra de sus estragos sociales, los datos de Encovi 2019-2020 utilizados en HumVenezuela para evaluar los impactos de la emergencia humanitaria en el sector de educación, alertaban que antes de la pandemia por Covid, más de 190 mil niños y niñas de tres a 17 años no podían asistir regularmente por falta de transporte.

Las etiquetas #SinGasolina, #SinTransporte, #SinGasolinaVe han proliferado en Twitter. En las redes sociales y en algunos medios digitales se han mostrado fotografías de personas que cuelgan chinchorros en la calle para dormir mientras su carro está en una fila que sobrepasa el kilómetro. O vendedores de café, empanadas, maltas y otras especies. A veces, después de hacer una larga cola, cuando las personas llegan hasta la bomba la gasolina se ha acabado o el mecanismo de cobro no funciona. Esto lo advierte el Monitor de Servicios Públicos: al menos tres veces los ciudadanos han hecho la fila en vano, pues se termina la gasolina.

Pero, ¿qué pasa con el combustible?

De acuerdo con las encuestas del Monitor de Servicios Públicos (una línea de investigación del Observatorio de Gasto Público de CEDICE, al menos ocho de cada 10 venezolanos no pueden abastecerse de gasolina sin esperar largas colas o recorrer distintas estaciones de servicio para surtir sus vehículos. El economista Raúl Córdoba, quien lidera este proyecto, atribuye la situación a la “crisis económica y petrolera que afecta a todos los sectores”. 

“Aunque en Caracas el tiempo en las bombas de gasolina oscila de 20 minutos a cuatro horas, dependiendo de la zona donde se esté, del carro que se tenga o de la zona donde se vaya a surtir, fuera de la ciudad capital ese tiempo varía de dos a 12 horas —especifica Córdoba. Eso, competitivamente hablando, es un indicador que nos mantiene muy rezagados con respecto a otros países donde el acceso a la gasolina, como una necesidad de movilidad básica, está cubierto de manera casi inmediata. Nosotros en Venezuela no tenemos manera de poder surtir rápidamente. Debemos, en cambio, usar tiempo de nuestro día a día —que debíamos destinar a nuestro desarrollo— y es tiempo que restamos a la productividad”.

No hay gasolina en las estaciones de servicio, explica Córdoba, por problemas de distribución, servicio, producción, refinamiento y ventas. “Y hemos estado viviendo muchos picos, pero este de principios de 2021, es uno de los más bajos. Según los estudios que hemos efectuado, 70% del parque automotor tiene inconvenientes para surtirse de combustible”. 

En las ocho bombas que en Caracas surten a los transportistas, los conductores de las rutas municipales deben hacer colas hasta de 24 horas, y solo surten 40 litros, aunque la capacidad de estos vehículos sea de 120 a 130, y deben pagar cinco dólares para aumentar la cuota, alertó el 17 de marzo a Efecto Cocuyo el Frente Unido del Transporte por Venezuela. Y,  de acuerdo al Frente de Trabajadores Petroleros Rompiendo Cadenas, en Venezuela existían 1.786 estaciones de servicio, de las cuales 176 eran privadas y hoy solo está trabajando 25% del total, dijo su líder Luis Hernández.

El Consejo Ciudadano por el Combustible de la Coalición Anticorrupción, entre septiembre y diciembre de 2020 hizo un monitoreo del despacho de combustible en 100 estaciones de servicio de los nueve municipios del estado Lara, dijo a HumVenezuela Nelson Freites, coordinador de Consecom. La pesquisa se basó en el cronograma publicado por la Gobernación de Lara durante ese período. Los resultados evidenciaron que las autoridades privilegiaron el despacho de gasolina en las estaciones de servicio reservadas solo para funcionarios públicos, cuerpos de seguridad y vehículos de uso oficial, que recibieron 23.400 litros de gasolina, y las Premium, que obtuvieron entre 37.000 y 74.000 litros, mientras una subsidiada recibió solo 9.800 o 13.600 litros de gasolina.

En teoría sigue existiendo una gasolina con subsidio, pagada en bolívares para quien lo desee, pero esas estaciones de gasolina tienen unas restricciones de pico y placa, número de cédula o límite de 20 litros. Las colas son abrumadoras y algunas estaciones de servicio solo aceptan efectivo, prácticamente ya inexistente en Venezuela. Quienes deseen surtirse en estas estaciones deberán sortear todos estos desafíos, además del comercio ilícito de ese combustible subsidiado a precio de gallina flaca y vendido en el mercado negro en dólares. 

Alfredo Espinoza, 80 años, profesor jubilado de la UCV, con un sueldo no mayor de cinco dólares no puede acceder al subsidio porque sus huellas digitales están borradas y el sistema de “captahuellas” lo rechaza. Y no hay manera de solucionarlo.

Usuarios indignados

Afectada por una Crisis Humanitaria Compleja, la población ha salido a la calle a protestar por los servicios públicos. En 2020 la región oriental destacó, según cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), por las manifestaciones por gasolina, encabezadas por los estados Sucre (923) y Anzoátegui (829). La siguieron los estados andinos Mérida (774) y Táchira (684). Al sur del país, en el estado Bolívar, se contaron 633. Y, solo en enero de 2021, en todo el territorio nacional se produjeron 51 protestas para exigir un mejor suministro de combustible.

El Frente de Trabajadores Petroleros informó que en 2002 Petróleos de Venezuela (Pdvsa) tenía un promedio de producción diaria de crudo que oscilaba entre 3.4 millones y 3.6 millones de barriles de petróleo, pero que hoy se está produciendo 120 mil barriles en occidente y 100 mil en oriente. Es decir, 129 mil barriles en total, y que, ciertamente, hay tres millones de barriles almacenados.

En relación a la gasolina, para 2002 se sabía que en el Complejo Refinador de Paraguaná se producía 940 mil barriles diarios, en el Palito 290 mil y 140 mil en Puerto La Cruz, para un total de 1.170.000 B/D entre las cinco refinerías. Hoy en día, de acuerdo a los gremios relacionados con el petróleo, la refinería Cardón produce 50 mil barriles. Aunque se han hecho esfuerzos para levantar la planta de El Palito, ésta no ha logrado producir más de 30 mil barriles. El Criogénico de Puerto La Cruz está totalmente paralizado y las refinerías de Amuay y Bajo Grande también están inactivas.

Para poner a andar el Complejo Refinador de Paraguaná, que abarca las plantas de Cardón, Amuay y Bajo Grande, según Luis Hernández, dirigente sindical petrolero, se necesitan de 20 mil a 15 mil millones de dólares además de energía limpia. Los problemas eléctricos, no obstante, son suficientemente graves.

Sin diésel, la producción se contrae

Venezuela entró a la tercera década del siglo XXI sin diésel, el combustible que se usa para el transporte de carga pesada, producción agrícola, transporte público, producción industrial y plantas termoeléctricas. Hay en Venezuela un déficit de 60% en la disponibilidad de alimentos, que ni siquiera supera las 600 mil de 1.102.000 toneladas requeridas, según los expertos, por falta de diésel, de acuerdo al informe de Consecom 2020.

Paralización del campo, pérdidas de cosechas, disminución de siembras, vuelta a la tracción animal y encarecimiento de los fletes y los precios de los alimentos ha sido la consecuencia de una escasez que los expertos venían anunciando desde finales de 2020.  

Los estados más afectados por la escasez de gasoil son Lara, Zulia, Portuguesa, Yaracuy, Guárico, Barinas, Táchira y Apure, de acuerdo con la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), la Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga), el Instituto Venezolano de la Leche y la Carne (Invelecar) y la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria).

Los rubros en riesgo, según estas organizaciones, son justamente los de mayor demanda nacional: azúcar, café, leguminosas, arroz y maíz. En 2020, la producción agrícola se contrajo en 30% y se perdieron hasta 70 mil toneladas de alimentos por mes. La producción de leche, que ya había caído en 15%, está siendo destinada en 70 % a la elaboración de quesos para evitar que se descomponga, según cifras de la Cámara Venezolana de la Industria Láctea (Cavilac). También la producción de oleaginosas está comprometida, porque los procesos de recolección son mecánicos y, si no hay diésel, no hay trabajo.

En el estado Guárico la distribución de ganado y queso hacia los centros de consumo se paralizó desde marzo de 2021 ante la escasez de diésel, que hace casi imposible la movilidad de las unidades de transporte. De acuerdo con las estimaciones del gremio ganadero se requiere cerca de 25 mil barriles de diésel al día, mientras que la industria láctea necesita 2.500 y el sector cárnico no menos de 2.000 al día.

El especialista en seguridad alimentaria y director de Ciudadanía en Acción, Edison Arciniega, dijo a Crónica Uno que en marzo caería la disponibilidad de alimentos en el país debido a la falta de diésel. Además, estimó que siete de cada 10 camiones que movilizan alimentos estaban parados por esa razón.

También la falta de Diésel afecta al transporte público. El secretario general del Frente Unido de Transporte en el estado Aragua, José Luis Trocel, informó el 10 de marzo de 2021 que 95% de la flota está paralizada debido a la escasez de combustible. Dijo que las unidades que se encuentran en circulación funcionan con gasolina y ya no dan abasto para cubrir todas las rutas urbanas e interurbanas. Mientras tanto los usuarios hacen largas filas en el Terminal Central de Maracay para poder abordar el transporte.

Ciudades devienen en zonas rurales

Conocer la situación de la vialidad en diferentes áreas urbanas es otra manera de abordar el problema de la movilidad y, desde el punto de vista de Córdoba del Monitor de Servicios Públicos de CEDICE, este es otro signo de las desigualdades en Venezuela. A las vías que no están debidamente pavimentadas se les cataloga como rurales y las pavimentadas son urbanas, pero existe una gran diferencia en la calidad de las vías urbanas y rurales. El problema es que en Venezuela 20% de las redes de comunicación vial no está pavimentada y forma parte de las ciudades. “Por ejemplo Maracaibo, Valencia, Barcelona, Puerto la Cruz, Anaco, Cumaná, Nueva Esparta, son ciudades que tendrían que ser catalogadas urbes, pero como tienen algunos porcentajes importantes de zonas no pavimentadas el indicador te dice que son zonas que de momento no cumplen con los requisitos. Entonces entran en la categoría de rurales”.

Dentro del indicador de calidad, explica Córdoba, el Monitor de Servicios Públicos toma en cuenta la continuidad de la vía y, si no presenta fisuras plásticas o estructurales, se dice que el pavimento cumple con los requerimientos de seguridad para el tránsito. “En Venezuela hay una falla estructural o física cada cuatro kilómetros, es decir, si tenemos una vialidad de 60 mil kilómetros, al menos un tercio de esa parte está dañada o tiene alguna fase dañada”. 

La analista de datos Lisa Troconis Reiners mostró los resultados de una encuesta realizada mediante la aplicación Premise Data a 14.693 usuarios de transporte público, entre julio de 2020 y febrero de 2021. La investigación abarca las zonas urbanas, periurbanas y ciudades de los estados Anzoátegui, Apure, Bolívar, Distrito Capital, Lara, Miranda, Sucre, Táchira y Zulia, y está basada en accesibilidad y movilidad, además de otras variables que impactan su calidad y uso.

Más de la mitad de las personas encuestadas, según el informe titulado La movilidad de los venezolanos en crisis, son profesionales. Otro 43% está en educación secundaria y técnica: “una población productiva y necesitada de movilidad”. Señala el informe que el desempleo aumentó de ocho por ciento a 10% en los últimos seis meses de 2020. Y apunta que la crisis económica, el bajo número de unidades de transporte público y la poca frecuencia de las rutas, además de las limitaciones en ciertas áreas por los horarios de los transportes son algunas de las razones de estos cambios.

En la mayoría de los estados encuestados las personas dijeron tardar entre 15 y 30 minutos para llegar al trabajo o al hogar en transporte público. Pero en Anzoátegui (33 %), Distrito Capital (38 %) y Miranda (34 %) el tiempo destinado es de 30 minutos a una hora por viaje. La distancia que recorre caminando un usuario desde su hogar a la parada de autobús varía de acuerdo al estado, y oscila de 500 metros hasta más de 2 kilómetros. 

En referencia a la seguridad, los habitantes de Anzoátegui, Bolívar, Distrito Capital, Sucre, Lara, Miranda Táchira y Zulia se sienten inseguros de usar transporte público, sea por la condición de los vehículos, los atracos, el hacinamiento o la posibilidad de contagio con Covid-19. Pero igual tienen que usarlo.

Las deprimidas condiciones económicas en Venezuela obligan a los ciudadanos a salir a la calle, a pesar de la Covid-19, aunque no se puede pasar de un municipio a otro sin salvoconducto. Al menos 50% de la población debe trabajar fuera de su casa, y eso requiere que el parque automotor funcione, al menos en 30 % de su capacidad. Pero los problemas de combustible y el alto costo de los repuestos y neumáticos hacen que solo 10 % de los transportistas salga a trabajar. No queda muy claro la fuente.

Raúl Cordoba explica: “hace 20 años, quien tenía un carro en Venezuela podía mantenerlo, y quien usaba autobús podía usarlo con la frecuencia necesaria, con la debida calidad y en el tiempo exigido. Los que usaban el sistema metro consideraban que era de gran calidad, que cubría las expectativas de frecuencia, de traslado y capacidad”. Ahora, “Sabemos que no existen en Venezuela suficientes unidades de transporte para cubrir la demanda”, explica el economista, y reflexiona acerca de que, en países de Latinoamérica no existe tal situación. “En Chile, 82% de los ciudadanos pueden moverse de manera óptima a través de sus dos o tres alternativas de traslado. El otro 18% tiene algunos inconvenientes o menos alternativas de movilidad, pero cubre las expectativas de calidad. En Venezuela solo 13% de los ciudadanos corre con la suerte de poder trasladarse de forma efectiva y cubriendo todos los indicadores: frecuencia, calidad, y cobertura. Si yo salgo a la avenida más próxima a mi casa y no tengo la posibilidad de conectarme con otras avenidas, otras arterias viales en cortos tiempos, comienza el indicador a decir que no se tiene la movilidad exigida, que no se tienen los elementos correspondientes para trasladarse de un punto a otro y empiezan los rezagos del indicador”, concluye.

El Presidente de Transportes Unidos de Venezuela, Hugo Ocando dice que Venezuela tiene el parque automotor más viejo de Latinoamérica, y que la ley dice que los vehículos de transporte público deben tener una vida útil de cinco a diez años. Pero de acuerdo al censo que está haciendo esa organización, hay unidades del año 1977 circulando. 

José Sayago, vocero del Frente Unido del Transporte por Venezuela, dijo a Efecto Cocuyo que la escasez de gasoil redujo a 14% la oferta de camionetas del transporte público y que en Caracas circulan apenas 600 unidades. 

En el contexto de Covid-19 el transporte público en Venezuela se ha convertido en un foco de propagación. Personas colgando del tubo de entrada en autobuses repletos son una imagen que dice mucho —y mal— de la situación de pobreza económica en Venezuela.

La carencia de un sistema de transporte digno —que sea seguro, accesible, confortable, puntual y cubra toda la geografía— no solo es síntoma sino también generador de pobreza. Que Valencia, la tercera ciudad de importancia en Venezuela tenga una paralización del 80% por falta de repuestos y combustible, es una expresión más de la Emergencia Humanitaria Compleja venezolana.  

Mientras Pdvsa promete elevar la producción de crudo a tres millones de barriles diarios, los venezolanos ven pasar de largo el autobús.